A Rigoberto Ávila Sucede a veces, que uno se enamora de los árboles por la sombra que producen la fuerza de sus ramas o la dulzura de sus frutos. Sucede también, a veces, que el árbol que uno ama se convierte en hombre y uno ama sus ideas sus labios su corazón sus brazos o el sexo (porque los árboles tienen sexo). Y sucede después, a veces, que el árbol que uno ama está tan cerca que asombra asusta. Deja de ser un árbol y parece un sol que deslumbra los ojos enamorados. Y sucede entonces, a veces, que uno no sabe si cerrar los ojos y esconderse o contemplar al árbol-hombre-sol hasta quedarse ciego.
Irma Pineda Poeta oaxaqueña
viernes, 25 de junio de 2010
Para empezar, les dejo este video, sobre los beneficios del uso del condón... ingeniosa publicidad :)